Pequeños tesoros: Yoga con Adriene
En la mochila de emergencia contra temblores, la voz y la práctica de Adriene se vuelven fundamentales. Un canal de Youtube para hacer yoga y recuperar presencia. Por Julieta Paoloni.
Me gustaría contarles que en mis últimas recomendaciones hay una constante, en la que quizás se sientan reflejadxs porque, de alguna manera, siento que es también colectivo: El caos, el movimiento absurdo de las placas tectónicas.
Viví casi cinco años en La Ciudad de México y hay algo, que en general no te cuentan sobre vivir allí: a cualquier hora, en cualquier momento, mientras haces cualquier actividad puede sonar la alerta sísmica. Imaginen una alarma que se reproduce en todas las colonias de la ciudad y, al mismo tiempo, en todos los celulares que cuentan con la aplicación para dicho fin. Una sirena como de película apocalíptica y una voz que no se oye humana y que repite “alerta sísmica, alerta sísmica, alerta sísmica”. Es el anuncio de que en aproximadamente un minuto la tierra va a empezar a temblar. No hay tiempo para pensar, el protocolo indica agarrar tu mochila de emergencia y bajar a la calle. Para mí, que vengo de una zona de tierras quietas, esto es un montón. Me fui un poco por las ramas, pero todo esto para decir que siento internamente un movimiento constante de la tierra bajo los pies. Y también, de las placas tectónicas de los pensamientos que se mueven para un lado y otro en un momento de mucho cambio. O como esas etapas de la vida donde no sabemos si está sonando la alerta, está temblando la tierra, ambas cosas o tal vez ninguna. Bonita manera de nombrar la ansiedad, ¿no?
Soy una ansiosa muy selectiva, no puedo calmarme con cualquier cosa. Tantos años de pensamientos intrusivos han encontrado la vuelta para escabullirse entre todos los métodos de relajación posibles. Ansiosa obsesiva, ansiosa disciplinada. Hay pocas cosas que HOY, en todo este movimiento, me calman.
Yoga con Adriene (que en realidad es en inglés Yoga with Adriene) es un canal de Youtube de clases de yoga pero a un ritmo muy meditativo. No diría que son clases intensas o super exigentes a nivel físico. Diría más bien que son clases para mover el cuerpo, para estirarlo, al ritmo de tu propia respiración.
Esto no es algo que hago siempre. A veces puedo, le hago lugar, otras simplemente me olvido que existe. Pero hace un par de semanas sentí que lo necesitaba y lo recordé. Hice dos clases de una nueva serie que está creando ahora mismo y que se llama “Return” (regresar).
Me gusta que en estas series cada uno de los videos tiene una palabra clave, una especie de título que abona la idea general. Por ejemplo, el primero de esta serie se llama “Sense” (sentir), el segundo “Ground” (enraizar), y el tercero y el último que salió hasta ahora Listen (escuchar).
Adriene tiene una calidez y un ritmo que siempre me invitan a pausar el pensamiento, escuchar el cuerpo, permitir el movimiento. Casi en todos sus videos aparece Benji, su perro, que de formas muy espectaculares siempre hace alguna mueca en el momento oportuno. Un perro boca abajo en el perro boca abajo, un bostezo en una respiración, o simplemente una presencia que pareciera tener la sabiduría ancestral de estar en el aquí y ahora y de no pensar.
Escribiendo este artículo me encontré con una nota de Women 's Health del 2025 sobre Adriene Mishler y su canal. Ojalá me crean cuando les digo que esto que les voy a contar lo leí justo después de escribir el párrafo sobre los temblores. Resulta que Adriene tiene raíces mexicanas aunque vive en Austin, Texas (de hecho habla español y sigue aprendiendo). Hace muy poco, paseando por La Ciudad de México, se empezó a sentir muy mal y fue corriendo a un hospital pensando que tenía un derrame o algo en el cerebro. Pero no era nada de eso: había tenido un ataque de pánico que se convirtió también en un mensaje del cuerpo. Necesitaba parar, dedicarse un tiempo a ella misma, encontrar una pausa.
Es decir, Adriene, la que me calma la ansiedad a mí y a tantxs otrxs, la que sabe respirar, tuvo un ataque de ansiedad. Lo digo para tomar dimensión.
Y esto no pretende bajo ningún punto de vista ser un artículo de salud mental pero lo que sí me gusta recordar en estos momentos es que el mundo es un lugar difícil. Hacemos lo que podemos con lo que hay. A veces, bajar la exigencia, respirar mientras nos movemos, hablar con un amigo nos trae calma. Y no será la última vez de una cosa ni de la otra, ni seremos los únicos tratando de encontrar espacios de paz. Pero si somos varixs en la misma, hagámoslo juntxs, acompañemos los procesos de caos y de paz. Hagamos los primeros más tolerables y los de paz más largos.
Si sentís la alerta sísmica y la voz no se detiene, recordá el protocolo: agarra tu mochila de emergencia y baja a la calle. Allí estaremos todxs, esperando a que pase.





